Foto: Antonio Ceruelo

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Museo Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos (IAACC) Pablo Serrano
Inventario 1995.01.0060
Clasificación Genérica Escultura
Objeto/Documento Escultura
Autor/a Serrano Aguilar, Pablo (Lugar de nacimiento: Crivillén, 10/02/1908 - Lugar de defunción: Madrid (m), 11/1985)
Título Bóveda para el hombre nº 63
Materia/Soporte Ladrillo
Bronce
Cemento
Técnica Patinado
Fundido
Dimensiones Altura = 47,50 cm; Anchura = 55 cm; Profundidad = 27,50 cm
Datación 1962
Historia del Objeto Pabellón español de la XXXI Bienal de Venecia. Del 16 de junio al 7 de octubre de 1962.
Clasificación Razonada 1962 fue un año crucial en la carrera profesional de Pablo Serrano. Si bien el Gran Premio recayó en Alberto Giacometti, el paso de Serrano por la Bienal de Venecia supuso un éxito de crítica que trajo consigo la consagración del escultor en los círculos artísticos internacionales. Concretamente, Bóvedas para el hombre fue la serie con la que Luis González Robles, comisario para el Pabellón Español, seleccionó a Serrano para ocupar la Sala Especial, y cuyo origen debe ponerse en relación directa con las creaciones llevadas a cabo por el escultor entre 1959 y 1960. Por un lado, las Bóvedas deben ser entendidas como una evolución de la Quema del objeto, con la que Serrano se adentraba en la reflexión sobre los conceptos de espacio y de vacío que tan bien quedaban plasmados en la idea de la presencia de una ausencia, tal y como el propio González Robles apuntaba en el texto publicado en el catálogo de la Bienal de Venecia: Ya en sus ensayos precedentes, Serrano, quemando el centro - o corazón - de sus esculturas, hizo surgir espacios que nos hablaban - que predecían - de una inevitable presencia poética del Hombre, inmersa en la misma obra escultórica, como parte integrante del todo. Hoy esas experiencias tienen su feliz resultado en estas esculturas que se exponen en la Bienal veneciana. Por otro lado, hay que referirse también a piezas como Tauróbolo o Espacio, pertenecientes aún a la serie Hierros, que anunciaban a través de sus esquemas compositivos lo que iban a ser las Bóvedas para el hombre. Partiendo de la carga discursiva de sus últimas obras y con la intensa evolución artística que estaba experimentando, Pablo Serrano se adentraba en esta nueva serie, Bóvedas para el hombre dando mayor presencia a su preocupación por la realidad del ser humano, un discurso que seguirá presente en buena parte de sus series posteriores, y que él mismo anunciaba tempranamente a Juan Eduardo Cirlot en una carta enviada el 20 de octubre de 1960 para mostrarle, precisamente, imágenes de sus primeras obras (...) Cómo veras por el título, estas esculturas tienen la intención de ser cobijos para el hombre aunque estén en ruinas esas bóvedas (...) Ahondando en este carácter humanista, el propio autor comentaría en relación con esta serie que El hombre en vida, no hace otra cosa que conformar su propia bóveda. Sobre esta filosofía del hombre y su espacio podemos comprender su angustia, la cual se refleja muy especialmente en nuestros días y a su alrededor, pretendiendo conseguir nuevos espacios, los que no tendrán otra diferencia con el hueco de la tumba que su conformación y ornamentación.

Esta serie de las Bóvedas supuso el comienzo de una etapa de creación de gran actividad motivada, sobre todo, por el hecho de que Luis González Robles comunicara a Serrano en 1960 la decisión de representar a España en la siguiente edición de la Bienal de Venecia. A raíz de este hecho y por implicación directa de González Robles, el nexo de Serrano con Italia se vería notablemente reforzado con la intención de preparar el terreno de cara a la cita veneciana de 1962; así se lo transmitía el propio González Robles a Bruno Sargentini, responsable de la galería romana L´Attico: Serrano está trabajando cada día mejor. Estoy convencido de que su exhibición en Venecia será un suceso. De ahí que no descuidemos ni su presentación en Roma ni en Milán. Esto repercutirá necesariamente cuando hagamos su presentación en la Bienal. Sirva como ejemplo el hecho de que hasta la celebración de la Bienal, Serrano participó, entre otras, en la Bienal de Arte del Metal de Gubbio (1961), en la XIV Bienal d´Arte Triveneta de Padua (1961), en Carrara Biennale Internazionale di Scultura (1962), y, sobre todo, la exposición realizada en L´Attico en 1961 en la que González Robles fue un agente imprescindible como facilitador del contacto entre artista y galerista. Esta Bóveda para el hombre nº 63 es una de las que participaron en la exposición del artista en la Bienal de Venecia (Del 16 de junio al 7 de octubre de 1962), debiendo señalarse que, en cambio, no se mostró en celebrada en L´Attico. La obra, que es una pieza única, fue aportada por el artista como escultura de su propiedad, volviendo a su colección tras el final de la muestra, al no haber sido adquirida por la galería romana como fondo ni por ningún coleccionista, como sí sucedió con otras piezas expuestas.

Por lo que se refiere al proceso de creación aplicado por Pablo Serrano a las Bóvedas para el Hombre, conocemos cómo era gracias a la documentación personal del autor, donde él mismo lo explicaba: Empiezo directamente en escayola. No sé exactamente cuando comienzo cual será su forma general; sé solamente que ha de ser recordando una bóveda o sea, un espacio protector. Preparo mis tablas a diferentes medidas y anchos. Procuro que ya estas tengan ciertas texturas, quiero decir que se vean sus fibras y nudos. Coloco la primera en sentido horizontal y aplico la escayola bastante dura sobre el lateral de la tabla. Cuando este yeso está seco aplico otra y otra tabla a fin de hacer como un encofrado dando a la pared de escayola bastante resistencia para mantenerse. Y así voy construyendo la bóveda. Al desprender las tablas, quedan sus huellas impresas en la escayola. Unas vuelan más que otras, estoy en la lucha ya por conseguir la emoción en la forma. Después viene el proceso de fundición en bronce. El tratamiento que aplicó a las Bóvedas para el Hombre fue evolucionando a lo largo de la serie, lo que permite observar una transformación plástica, si bien manteniendo la idea de espacio protector que dio origen a la misma. Inicialmente y partiendo de la idea del assemblage con materiales de construcción, técnica que ya había practicado con restos de piezas metálicas en los Hierros, Serrano ideó estos volúmenes que construía a partir de la combinación de escayola, listones de madera y otros materiales de desecho que le permitían grabar diferentes texturas sobre la superficie después trasladadas al bronce. Desde esta vocación de constructor de refugios, el escultor fue incorporando el ladrillo, con el que las obras irían adquiriendo una consistencia más recia y, también, más conectada con la realidad, enlazando en cierto modo con los presupuestos del Nouveau Réalisme. No había cuidado en la construcción de estos muros, que se levantaban con ladrillos, en ocasiones rotos, dispuestos en hiladas irregulares e imperfectas, efecto intensificado por los intensos valores táctiles de estas obras: las líneas que recorrían las caras de los ladrillos, la rugosidad de la escayola groseramente aplicada, los perfiles quebrados, todo lo cual provoca que estas piezas se asemejen más a los restos de unas ruinas modernas que un espacio construido para proteger al ser humano. Sería el caso de la Bóveda para el Hombre nº 63 donde, además de las texturas que contiene, observamos la introducción del color rojo del material, que quedaba unido a la base realizada en bronce. Si en esta escultura la idea de la bóveda como cavidad que ampara a la Humanidad no resulta tan evidente como en otras piezas es porque a lo largo de su vida ha sufrido una serie de pérdidas de parte de su estructura debido a la fragilidad del ladrillo, que fue partiéndose en diferentes momentos hasta desfigurar la composición inicial. Se mostró íntegra en Venecia, pero después de esta exposición se produjeron algunos de estos deterioros que el autor no consideró reintegrar debido, quizá, a que la escultura no había perdido los valores plásticos y simbólicos de estas bóvedas imperfectas pensadas para acoger a una sociedad en transformación que seguía reconstruyéndose tras los conflictos bélicos que marcaron el siglo XX.
Bibliografía DURÁN UCAR, Dolores. Pablo Serrano. Catálogo razonado de esculturas. 1930-1985. Fundación Azcona, 2017. 300.

ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael. CATÁLOGO DE LAS OBRAS ORIGINALES DEL ESCULTOR PABLO SERRANO QUE FORMAN SU COLECCIÓN PARTICULAR Vol. II. 1984. 322.

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VV.AA.. LA PALABRA Y LA HUELLA. Artes y Letras en el 25 Aniversario de los premios Príncipe de Asturias, Oviedo. 2006. 40-41.

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VV.AA.. Catálogo exposición PABLO SERRANO. MOSTRA ANTOLOGICA. Accademia Spagnola di Storia, Archeologia e Belle Arti di Roma. Fundación Pablo Serrano. Diputación General de Aragón. 1987. 45.

VV.AA.. Pablo Serrano. Fundación Museo Pablo Serrano Electa, 1994. 59.
Catalogación Grau Tello, María Luisa
Derechos de explotación Gobierno de Aragón. IAACC Pablo Serrano, 2021
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