Foto: José María Murciano Calles

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Museo Museo Nacional de Arte Romano
Inventario CE14089
Objeto/Documento Lápida
Título C. POMPEIVS PRISCVS
Materia/Soporte Mármol
Dimensiones Altura = 65 cm; Longitud = 97 cm; Grosor = 5,50 cm
Descripción C(aius) Pompeius L(uci) f(ilius) Pap(iria) Priscus / flam(en) col(oniae) IIvir flam(en) pr(ovinciae) Lusit(aniae) / huic ordo decrevit loc(um) sepult(urae) / impens(am) funer(is) statuam et laudat(ionem) / ann(orum) XXXVII h(ic) s(itus) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)

Inscripción funeraria de C. Pompeius, a quien el Ordo de los Decuriones dedica una estatua y pompas fúnebres (huic ordo decrevit locum sepulturae impensam funeris statuam et laudationem). C. Pompeius debió ser un hombre clave en la política de Augusta Emerita, puesto que fue flamen de la colonia y de la provincia Lusitania y duunviro. Los cargos del flaminado se encuentran dentro del ámbito religioso, puesto que están relacionados con el culto al emperador, a quien se divinizaba tras su muerte. El duunvirato, ejercido por dos hombres, era la máxima magistratura municipal, paralelo a lo que hoy llamamos "alcaldía". Por último, el orden de los decuriones estaba formado por diez hombres que gobernaban los asuntos más inmediatos de la colonia (haciendo una transposición al regimen político actual serían equivalentes a las concejalías), a su vez dirigidos por los duunviros.
Esta inscripción refleja bien cómo el sistema político romano vetaba el acceso de las mujeres a las decisiones: es un epígrafe dedicado a un político por otros políticos, todos hombres. Tal era así, que incluso en la propia terminología política queda reflejada esa exclusividad masculina: duunviro significa "dos hombres".
Este veto a la mujer en la toma de decisiones era inherente a la sociedad romana en casi todos los ámbitos. Nuestra inscripción señala la ausencia total de la mujer en el ámbito político. En lo social, desde la infancia la mujer quedaba supeditada al hombre, y desde entonces era así: al padre si era niña, al marido cuando se casaba. Si no existían ninguna de esas dos situaciones, la mujer quedaba al cargo del pariente varón más próximo. El mundo femenino, así, quedaba relegado al ámbito doméstico, en donde sí ejercía control y tenía responsabilidad, pero sólo desde un punto de vista interno. En relación a esto, tampoco tenía incidencia en las decisiones económicas, salvo en el contexto del hogar, si bien hay que decir que disponía de importantes derechos en este sentido, como el de adquisición y propiedad de bienes o el derecho de herencia, en igualdad con el hombre. Por último, en el sistema religioso, la mujer estaba también ausente desde el punto de vista oficial, salvo en contados casos. Recordemos por ejemplo las Vestales, sacerdotisas dedicadas al culto de Vesta, o las propias flaminicas encargadas al culto imperial, aunque todos los cargos religiosos a los que podían optar las mujeres quedaban finalmente supeditados jerárquicamente al cargo de Pontifex Maximus, siempre ejercido por un hombre.

José María Murciano Calles
Contexto Cultural/Estilo Cultura romana
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