Foto: Masú del Amo

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Museo Museo Nacional de Artes Decorativas
Inventario CE19478
Clasificación Genérica Colección de Arte Oriental; Estampas
Objeto/Documento Libro
Autor/a Atribuido a; Eishô (o Shôeidô Chôkôsai) (act. 1780-1800)
Atribuido a; Eiri (o Chôkyôsai Eiri) (act. 1789-1801)
Título Serie Fumi no Kiyogaki
Materia/Soporte Marfil
Seda
Papel
Técnica Nishiki-e
Dimensiones Altura = 24 cm; Anchura = 35,50 cm
Descripción Rollo de mano japonés, forma tradicional de origen chino, tiene su momento de apogeo en el periodo Heion. Todas las escenas con inscripciones salvo el dibujo número 1. Soporte formado por dos piezas de papel y las uniones se producen entre la estampa número 4, número 5, número 8, número 9. Enrollado sobre un soporte cilíndrico de hueso. Posee una cinta en el centro para anudar el rollo.
Temas eróticos:
- Representa a una cortesana con un holandés. Posible Título: Amante extranjero. Llama la atención la imagen que los japoneses de la época tenían del extranjero representaban a los occidentales como demonios. Rostro arrugado, color oscuro, uñas afiladas, pelo largo y barba. Sitúan al extranjero en una ventana mirando al exterior, un tanto libidinosa que contrasta con la poca expresividad de los rostros de los japoneses. La tensión se concentra en los dedos de los pies encorvados o en la transformación de los ojos en una simple línea indicando que están cerrados.
- Relaciones sexuales entre dos mujeres aparece el inicio de una masturbación con un elemento fálico.
- Dibujo donde aparece una mujer, un hombre y un animal llamado "yak". Decoración metálica, parece una aguada, aparentemente acuarela, tinta. El papel es distinto a los otros, menos fibroso y menos poroso por eso capta menos el polvo.
- Escena de masturbación, una mujer se masturba con un elemento fálico y un hombre permanece de asistente.
- Cortesano de alto rango junto a prostituta ilegal. Es la única escena que se desarrolla en un lugar abierto. (Título: Halcón Nocturno)
Iconografia Escena erótica
Datación 1800[ca]
Contexto Cultural/Estilo Arte Japonés
Ukiyo-e
Lugar de Producción/Ceca Japón (Asia)
Clasificación Razonada El rollo está formado por 11 grabados y un dibujo con número de inventario 19478. Fueron realizadas por tres autores.
En Japón desde el priodo Edo, las pinturas eróticas reciben el nombre de Shunga. Había 48 posturas eróticas a finales del siglo XVIII, pero aquí sólo se recogen 12. Se retratan mujeres de diversas procedencias socialers que practicaban el sexo de diferentes maneras. En las imágenes se desarrollan escenas de masturbación, relaciones entre mujeres e incluso abordajes no deseados. Las esenas se acompañaban de una serie de textos en lenguaje coloquial "Hiragana", tipo de escritura asociada a la mujer que recoge los diálogos entre los personajes representados en la escena. En este rollo, los textos han desaparecido.
Bibliografía BARTOLOMÉ, Alberto; CASTRO, Carmen. Asia en las Colecciones Reales del Museo Nacional de Artes Decorativas. 2000. p. 120-121; Santillana del Mar: Fundación Santillana.

SAIZ PEÑA, Elena. La colección oriental del Museo Nacional de Artes Decorativas. Investigación y conservación de obras de arte oriental en el Museo Nacional de Artes Decorativas. Ministerio de Cultura, 2010, p.15 il.8, p.222-225.

VV.AA.. Asia nas coleccións do Museo Nacional de Artes Decorativas: [exposición]. 2002. p. 98-99, il. 113; A Coruña: Museo Belas Artes de Coruña, 2002..

VV.AA.. Hanga: Imágenes del mundo flotante: Xilografías japonesas. Madrid: Ministerio de Cultura, 1999. p. 98-99, il. 21 y 22; CAT.21, 22
(Antes de la restauración)
DIMENSIONES: 24 x 36 cm cada una.
FORMATO: ôban.
TÉCNICA DE ESTAMPACIÓN: nishiki-e.
ESCUELA: Ukiyo-e.
TÍTULO: Amante extranjero y Halcón nocturno, láminas 1 y 5 de la serie Fumi no kiyogaki, Escritos sinceros de bellas esposas.
AUTOR: Según autores, Chôkôsai Eishô o Chôkyôsai Eiri
CRONOLOGÍA: ca.1795-1801
Las manifestaciones eróticas dentro del arte han sido una constante histórica en todos los países desde tiempos remotos; la sexualidad, como manifestación de los placeres humanos, ha ocupado un lugar predominante en la vida de las personas que siempre han encontrado una vía de expresión adecuada para manifestarla en pintura, escultura o literatura. Las diferencias en la forma de representación vienen invariablemente condicionadas por los conceptos éticos y morales de cada cultura, lo que ha marcado profundas diferencias entre Oriente y Occidente. En este sentido, los países asiáticos, relativamente libres de la influencia del cristianismo, han desarrollado un rico conjunto de manifestaciones eróticas. Desde los templos tallados en piedra del norte de la India. hasta los grabados eróticos japoneses, el sexo y el erotismo han recorrido un largo camino. En Japón, desde el periodo de Edo, estas pinturas eróticas reciben el nombre de shunga (pinturas de primavera) y pueden considerarse como una de las primeras manifestaciones de la escuela Ukiyo-e, lógico por otra par te si consideramos que fueron los barrios reservados uno de los principales centros de inspiración de los pintores de esta escuela. Pero la tradición de la ilustración erótica es aún más antigua, bebiendo sus fuentes en la literatura de diversas épocas. En el siglo X Sei Shônagon (nacida en el 967), dama de corte de la emperatriz en Kyoto, escribe su Makura no sôshi (Libro de almohada) en el que refleja la libertad erótica del momento, y su contemporánea Murasaki Shikibu, en la misma época, recoge las aventuras amorosas del príncipe Genji en su Genji-monogatari. De estas obras con un marcado acento erótico, y que durante el período de Edo tendrán continuación en las de Ihara Saikaku (1642-1693), se realizaron múltiples ilustraciones a lo largo de la historia, por lo que a la llegada del período de Edo el terreno estaba bien abonado. Entendido el sexo como una función natural, los caminos para incrementar el placer en Japón siempre se consideraron como algo más recomendable que censurable, por lo que, hasta épocas más recientes y por influencia del puritanismo anglosajón, nunca existieron prohibiciones oficiales tan estrictas sobre la materia como para hacer desaparecer sus manifestaciones artísticas. Los primeros shunga de Edo surgen como manuales de sexo, en muchos casos especialmente creados para aleccionar a las jovencitas. En 1660 se publica el Yoshiwara-makura (Almohadas del Yoshiwara), atribuido a un pintor anónimo conocido como Maestro de Kanbun. Esta obra supone uno de los primeros libros ilustrados con temática erótica que unifica dos aspectos importantes de la ilustración: los manuales de sexo y las guías llamadas crítica de cortesanas. Se estructura en 48 escenas, ya que 48 son las posturas que en Japón se consideran características en la práctica sexual. Desde ese momento hasta la fecha en la que se publica el ejemplar que aquí recogemos (ca. 1800), la mayoría de los grandes pintores de la escuela Ukiyo-e realizaron alguna incursión en este género. Por las pocas manifestaciones que hoy encontramos en colecciones generales, si las comparamos con otras temáticas, podríamos pensar que las pinturas eróticas ocupan un lugar secundario en el mundo editorial de Edo, pero especialistas como Lane consideran que durante el siglo XVII, al menos la mitad de las publicaciones que se realizaron mediante impresión xilográfica fueron shunga y, a diferencia de los primitivos de otras temáticas, éstas aparecían firmadas. De las 48 posturas básicas, a finales del XVIII tan sólo se recogen 12 y es este número el que marca las producciones de Utamaro del año 1788 que sirvieron de modelo para las que aquí recogemos. Partiendo del Utamakura Canto de la Almohada de Utamaro, sus seguidores elaboraron una serie de álbumes de 12 escenas que solían tener una estructura común, por no decir que eran una copia casi literal de las pinturas del maestro. En ellas se retrataban mujeres de diversas procedencias sociales que practicaban el sexo de muy diferentes maneras. Entre ellas aparecen cortesanas de alto rango al lado de simples asistentes o prostitutas ilegales, como es el caso de la escena representada en la lámina de catálogo num. 22 bajo el título Halcón nocturno. En el Japón de Edo recibían este nombre aquellas mujeres que, llevando durante el día una vida normal, salían en la noche para ofrecer sus favores a algún viajero despistado y sin demasiados medios económicos; su lugar de actuación eran los múltiples puentes de Edo, lo que explica que ésta sea la única escena de la serie que se desarrolla en un espacio abierto. En otras imágenes se recogen relaciones entre mujeres, escenas de masturbación e incluso abordajes no deseados. Un caso muy particular lo constituye la lámina de catálogo num. 2, en la que se representa a una cortesana con un holandés; en ésta obra llama la atención particularmente la imagen que los japoneses de la época tenían del extranjero. Recordemos que durante el período de Edo se produjo un aislamiento decretado que duró desde 1638 hasta 1868 y durante el cual Japón cerró sus fronteras tanto para los extranjeros como para los nacionales. Los únicos que tenían permiso para mantener relaciones comerciales en su territorio eran los holandeses y los chinos, que estaban relegados a la isla de Dejima y sólo en muy contadas ocasiones podían ser vistos en público, generalmente aprovechando su presentación anual en la corte del sogún. Es por ello que, como ocurría con los dibujos de elefantes, en muchas ocasiones lo que se representaba era una imagen vaga y deformada por la información oral, que hacía parecer a los occidentales auténticos demonios de rostro arrugado, color oscuro, uñas afiladas, pelo largo y barba que le cubría casi toda la cara. Aquí, además, el autor lo sitúa en una ventana mirando al exterior, lo que elimina toda intimidad, y le confiere una expresión un tanto libidinosa que contrasta con la poca expresividad de los rostros de los japoneses en circunstancias similares. Pero la aparente falta de expresión de los rostros en estas imágenes que da compensada por una serie de convencionalismos pictóricos con los que se expresaban los sentimientos. Tal es el caso de la tensión que se muestra en los dedos de los pies encorvados, la actitud de morder una manga o un pañuelo o la trasformación de los ojos en una simple línea para indicar que están cerrados. En esta época, además, estas escenas se acompañaban de una serie de textos en lenguaje coloquial y caligrafiados en hiragana, un tipo de escritura asociada tradicionalmente a la mujer, (ya que ellas fueron las que empezaron a utilizarla durante el período Heian 794-1185), que recogen los diálogos entre los personajes representados en la escena. Con la apertura a Occidente en la segunda mitad del siglo XIX y la incorporación de Japón al panorama internacional, las cosas cambiaron sustancialmente y los modelos éticos occidentales hicieron mella en la antigua tradición sexual japonesa, momento a partir del cual la censura se puso en funcionamiento.
; Madrid: Secretaría de Estado y Cultura
Catálogo de la exposición.
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