Descripción |
Miniatura rectangular con retrato de busto de caballero con cabellos rizados, según la moda masculina imperante desde finales de la primera década del siglo XIX hasta los años 30, combinándose con pobladas patillas como las que luce el retratado. Viste uniforme militar con casaca azul con bordes y decoración de galones en el cuello y las bocamangas en blanco. Sobre la parte izquierda del pecho luce un conjunto de pequeñas condecoraciones. La figura se recorta sobre un fondo neutro en tono sepia. La miniatura, de notable calidad técnica, está ejecutada sirviéndose del punteado, especialmente en el rostro, con gran detallismo en las carnaciones y en la zona del pelo, mientras que en la casaca y también en el fondo, utiliza pinceladas mucho más largas.
Aparece firmada " Castor Velazqz ft.", correspondiente al miniaturista Cástor González Velázquez (Madrid, 1768-1822), hijo menor del pintor Antonio González Velázquez. Estudió en la Academia de San Fernando, donde obtuvo varios premios. En 1807 fue nombrado pintor de la Real Fábrica de Porcelana, donde trabajó hasta el cierre de la manufactura tras la guerra de la Independencia. Simultaneó su trabajo como pintor decorador con el de retratista en miniatura. Presentó a Fernando VII un retrato de la reina M.ª Isabel de Braganza con la intención de que le nombrase retratista de cámara en miniatura, solicitud que le sería concedida, aunque sin sueldo, en 1816. En noviembre de 1818 la Academia le admitió entre sus miembros concediéndole el título de académico de mérito por la miniatura, pasando a impartir clases en distintos establecimientos dependientes de la Academia (ESPINOSA MARTÍN, C., "Las miniaturas en el Museo del Prado". Madrid: Museo Nacional del Prado, 2011). Seis obras suyas, cuatro de ellas firmadas, fueron exhibidas en la gran exposición de la miniatura-retrato en España, celebrada en Madrid en 1916, organizada por la Sociedad Española de Amigos del Arte. El Museo Nacional del Romanticismo conserva otro retrato en miniatura de un caballero firmado por este artista (Inv. CE7594).
El retrato en miniatura fue una de las manifestaciones artísticas más significativas del siglo XIX. A pesar de las reducidas dimensiones del soporte, los pintores especializados en esta técnica consiguieron captar con gran minuciosidad todo tipo de detalles. El carácter preciosista de estos ejemplares se enfatiza con los marcos, medallones o joyeles en los que a menudo se engarzaba. En el caso de esta miniatura, su marco quizá pudo haber actuado como guardapelo, receptáculo para la conservación de mechones de cabello de un ser querido, práctica que fue muy común durante todo el siglo XIX.
(Catalogación: Rebeca Benito Lope, 2023)
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